domingo, 12 de septiembre de 2010

El amor

El Amor comienza con un destello de simpatía, se substancializa con la fuerza del cariño y se sintetiza en adoración.
Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres; uno que ama más, otro que ama mejor.
El Amor es la mejor religión asequible. Hermes Trismegisto, el Tres veces grande Dios Ibis de Toth, escribió en la Tabla de Esmeralda la siguiente frase: "Te doy Amor en el cual está contenido todo el sumum de la sabiduría". Y realmente el Amor en si mismo es el extracto de toda sapiencia, pues escrito está que la sabiduría en última síntesis se resume en amor, y el amor en felicidad. Cuando el ser humano está enamorado, se torna noble, caritativo, servicial, filantrópico. Se encuentra en estado de "extasis". Si se haya ausente del ser que adora, bastaría un simple pañuelito, o un retrato, o un anillo, o cualquier recuerdo para entrar en estado de "extasis". Así es el Amor.
El Amor es una efusión, una emanación energética que fluye desde lo más hondo de la conciencia. Es, dijéramos, un sentido superlativo de la conciencia. La energía cósmica que fluye del fondo de nuestro corazón estimula a las glándulas endocrinas de nuestro organismo, las pone a trabajar. Entonces, muchas hormonas son producidas, y ellas inundan los canales sanguíneos y nos llenan de una gran vitalidad. En la Grecia antigua, la palabra 'hormona' significa "ansia de ser, fuerza de ser". Observemos a un anciano decrépito, bastaría ponerlo en contacto con la mujer, bastaría que estuviese enamorado, para que místicamente se exaltara, entonces sus glándulas endocrinas producirían abundantes hormonas que inundando los canales sanguíneos los revitalizarían extraordinariamente. Así es el Amor.
El Amor revitaliza, el Amor despierta en nosotros innatos poderes del Ser. Cuando verdaderamente se está enamorado, se torna el ser humano intuitivo, místico, en tales instantes presiente lo que en un futuro le ha de suceder, y muchas veces exclama: "Me parece que esto es un sueño, me temo que más tarde tú habrás de encontrar a otra persona en tu camino". Tales presentimientos intuitivos, a través del tiempo y de la distancia, se cumplen exactamente. Así es el Amor.
En Europa -también en los Estados Unidos- existe una orden maravillosa, quiero referirme a la Orden del Cisne, tal institución analiza científicamente los diversos procesos de eso que se llama Amor. En la India, el Amor siempre ha sido simbolizado por el Cisne Khala Hamsa, el cual flota maravillosamente sobre las aguas de la vida. Realmente el Cisne alegoriza en forma enfática las dichas inefables del Amor. Así, observemos un lago cristalino donde una pareja de cisnes se desliza sobre las purísimas aguas donde se refleja el cielo, cuando uno de la pareja muere, el otro sucumbe de tristeza. Y es que el Amor se alimenta con Amor. Amar, cuán grande es amar. Solamente las grandes almas pueden y saben amar, así dijo un gran pensador.
Observemos a las estrellas girando alrededor de sus centros de gravitación universal, se atraen y repelen, de acuerdo con "La Ley de Imantación Cósmica". Se aman, y se vuelven nuevamente a amar. Muchas veces se ha visto que los mundos se acercan, que resplandecen, brillan en el firmamento de la noche estrellada, de pronto algo sucede, "¡una colisión de planetas!" exclaman los astrónomos desde sus torres maravillosas... ... ... Amor, sí, se han acercado demasiado, se han fusionado sus masas, se han integrado con la fuerza del cariño, se han convertido en una nueva masa... he ahí el milagro del Amor en el firmamento.
Observemos nosotros a la flor, los átomos de las moléculas en la perfumada rosa de ambrosía bañada por los rayos de la luna en la noche estrellada a la orilla de la fuente cristalina nos hablan de Amor. Giran esos átomos alrededor de sus respectivos centros nucleares, obviamente la molécula en sí misma es un sistema solar en miniatura. ¿Por qué los átomos allí giran alrededor de su centro de gravitación como los planetas alrededor del sol? Atraídos por esa fuerza maravillosa que se llama Amor...
Escrito está que si todos los seres humanos sin diferencia de raza, sexo, casta o color, abandonaran siquiera por un minuto sus resentimientos, sus venganzas, sus guerras, sus odios, y se amaran entrañablemente, hasta el veneno de las víboras desaparecería. Y es que el Amor es una fuerza cósmica, una fuerza que surge del vórtice de todo núcleo atómico, una fuerza que surge del vórtice de cualquier sistema solar, una fuerza que surge del centro de cualquier galaxia, una fuerza extraordinaria que debidamente utilizada puede realizar prodigios y maravillas como aquellos que realizara el divino Jesús de Nazaret a su paso por la tierra. Así es el Amor.